Puedo estar sobre vos y bañarte con mi humedad, en hilos espesos, calientes, bajando por tus muslos, por la seda de tus pliegues más íntimos, encendiendo todo a su paso, crispando tu excitación, tus ganas.
Enlazamos nuestras manos, aferrándonos, porque esto también es una fe, una suerte de plegaria, una forma de rezo. Somos politeístas, lo sabemos, pero esta vez nuestra adoración se limita a la concavidad perfecta que componen nuestros sexos, fundiéndose.
No hay comentarios:
Publicar un comentario