viernes, 3 de febrero de 2012

Spoileando las reglas del juego

A veces (ejem, ejem, cof, cof) soy medio sorete. Ayer, como ya me conocen un poco, las chicas de la oficina me dejaron afuera de un ofrecimiento que se hizo antes mis ojos, esto es, vía mail grupal: los capítulos de "Alcatraz" que ya están disponibles. Esto iba acompañado de una aclaración: "(NO PARA FLOR)". No tuve que decir siquiera "al cabo que ni quería" porque mi prejuiciosa repulsión por las series ya la he manifestado ampliamente ante todo el que quiera oírme. Igual, para pudrirla un poco, le dije a alguien que aceptó que era "una burda copia de Lost" y me expliqué así, todo esto sin asesorarme mucho (nada) ni chequear fuentes ni... en fin:
No digo COPIA FIEL. Creeeeeo que el o los directores son los mismos o los guionistas o algo, no recuerdo. El gordo ruludo es el mismo y así y trata de un grupo de presidiarios y estimo que también funcionarios de la cárcel de Alcatraz que aparecen en la actualidad como si nada pero son gente que estaba viva hace sesenta años atrás. Te ponen una fotito de todos los gomas parados mirando a cámara con la cárcel de fondo (otra isla, pero esta vez la anti-isla idílica), tipo de imagen promocional que ya usaron para Lost y para TODAS las putas series desde hace varios años.
Les digo YA, a un mes de empezada, cómo termina tras quinientas temporadas estafando a boludos y adictos: están o estamos todos muertos, ellos son zombies o los zombies somos nosotros y ellos están lo más bien en su mitad del siglo XX y los que viajamos zombíesticamente al pasado somos nosotros, whatever.
Capaz no me equivoque tanto, eh. Oscar Masotta, refiriéndose al antihappening (ficticio) de 1966 escribió alguna vez que lo que encarnaba en ese experimento era "el juego de construir una imagen mítica y el trabajo de buscar la adhesión imaginante de la audiencia para tirarla abajo y dejarle solo 'el espectáculo de su propia conciencia engañada'" [Oscar Masotta, Happenings, Buenos Aires, Editorial Jorge Álvarez, 1967, p. 123] O sea, estaría buenísimo que el episodio postrero de la serie Alcatraz (acontecimiento que tendrá lugar en su vigésimo octava temporada, más o menos) finalizara así como digo yo y a continuación, risas en off, apareciese un cartel que dijera:
BOLUUUUDOOOOSSSS
Pero bueno, no, no, claro que no. Esto supondría dos cosas, casi imposibles. Que los serie-adictos que queden vivos para entonces recuerden el final de Lost y ergo puedan percatarse de la estafa y otra, mucho menos probable, que los medios y los engranajes que los sostienen tuviesen conciencia de sus propia lógica rumiante, de sus falencias, de sus abusos recursivos, de su falta de ingenio y, críticamente, se prestaran a jugar(se)nos una broma que los llevaría a morderse la cola. Este hipotético ejercicio sí que sería una teleserie de ficción bien zarpada, la mejor que mi mente es capaz de concebir. Incluso iría hasta Uruguayana a comprarme una TV color para poder mirarla.


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